jueves, 16 de abril de 2015

#LITERATURA: MARAFARIÑA (Fragmento)




<<... La serpiente también mintió a Eva. Ruth recordó como le fascinaba y le perturbaba ese relato de pequeña, que releía habitualmente de su ejemplar de Mi libro de historias bíblicas. No comprendía cómo Eva, que lo tenía todo, que era plenamente feliz, sucumbió a las mentiras de una serpiente parlante para que comiera del fruto prohibido de Jehová. Que vivía en un paraíso terrenal, verde, luminoso y sin dolor, como Marafariña, y carecía de angustias o de amargura de cualquier tipo. Se preguntaba, le torturaba, por qué había hecho algo tan absurdo como aquello. Pero con el tiempo, cuando su discernimiento se fue volviendo más independiente, empezó a plantearse que, tal vez, no fuera tan feliz como se quería mostrar en la Palabra. Se imaginó a una mujer solitaria, acompañada de un hombre al que en realidad no conocía, sintiendo que sus posibilidades eran ínfimas y pequeñas, limitadas, censuradas por un Dios omnipotente que, sin preguntarle, le había dado una vida que a lo mejor no quería vivir. La serpiente le había dicho a Eva que positivamente, no morirán al comer del fruto del conocimiento. Y la mujer creyó a la serpiente, y el hombre se arrastró con la mujer. Así, simplemente, entró el pecado en el mundo.


No lo había entendido pero ahora sí que lo entendía. Porque ella misma se sentía como Eva, depositada en medio de Marafariña, con sus normas predefinidas, en las que debía de sentirse feliz. También tenía a un hombre, a Jaime, al que debía amar y respetar. Y tenía  a un Dios al que le debía todo lo que era y lo que sería. Ese camino le llevaría a la vida eterna sin dolor y sin muerte. Lo único que debía de hacer era no morder el fruto prohibido. Pero nunca se imaginó que ese fruto fuera tan apetitoso, ni tan hermoso, ni tan fascinante. Nunca se imaginó todo lo que despertaría en su interior desobedecer y sucumbir al susurro de una serpiente.


Sabía que Eva tampoco echaba de menos el paraíso. Ya no tenía nada que temer, pues la vida era suya y no le pertenecía a nadie. Moriría, sí, pero de la otra forma jamás llegaría a vivir del todo. Ni siquiera aunque lo intentase por los siglos de los siglos...>>