miércoles, 20 de mayo de 2015

#ENTREVISTA: Miriam Beizana Vigo, autora de 'Marafariña'



"Marafariña nació un día en un papel de una libreta de clase. Y se eternizó para siempre en mí."

"Marafariña se expandía ante Ruth, haciéndose cada vez más y más infinita, más eterna".

Con esta frase, empieza en sueño plasmado de Miriam Beizana Vigo que, con casi 25 años, hace realidad la publicación de su primera novela, 'Marafariña'. Pero, según ella misma reconoce, no podría definir su obra como una novela. Marafariña evoca un sentimiento, una esencia, mil secretos, mil miedos. Marafariña encierra una vida real en su interior, tras esa portada con un bosque infinito, tras un hermoso texto bíblico en su contraportada. ¿Qué es realmente Marafariña?

La idea de que en las 'Mentiras que escribí' decida entrevistarme a mí misma, la persona a la que más respeto tengo, la persona a la que más quiero y la persona a la que más debo no es mía. Mi otra mitad me animó a hacerlo, por lo que parte de esta entrada (si no toda ella) le pertenece. Así pues bien, espero que vosotros, lectores, amigos, conocidos, curiosos, disfrutéis de esta charla distendida en la que pretendo acercarme más a vosotros y, al mismo tiempo, acercaros 'Marafariña' y hacerla más real. 

Las mentiras que escribí: 'Marafariña', no se trata de un título convencional. De hecho, se trata de una nomenclatura totalmente desconocida. ¿Cuál es la razón de que ese nombre corone tu portada? ¿Por qué Marafariña?

M.B.Vigo: Porque no podía ser de otra forma. Tal acción se escapa, en realidad, a mi control. Marafariña forma parte de mí desde hace tantos años que no sabría determinar el momento exacto. Tal vez desde mi propia infancia, cuando escribí una saga infantil que empezaba, de hecho, en un bosque poderoso e infinito. Acudía a él, a sus letras, a su realidad, cuando quería escapar de todo. Sólo allí, podía encontrar mi refugio, mi lugar. Cuando en mi mente, a lo largo de todo este tiempo, Marafariña fue creciendo, se convirtió en mi meta, en mi luz, mi calma, mi guía. No importaba todo lo que se desplomara a mi alrededor, ella siempre estaba ahí, para reportarme todo lo que no conseguía encontrar.

El nombre es un mero formalismo. Se me ocurrió sin más, nació en mi mente como una explosión, como si tuviera vida propia. Había algo, algo fuerte en mí que carecía de nomenclatura. Marafariña nació un día en un papel de una libreta de clase. Y se eternizó para siempre en mí.

Las mentiras que escribí: Entonces, ¿Marafariña siempre ha sido lo que es ahora? ¿La novela que acabas de publicar siempre fue tal y como es ahora?

M.B.Vigo: Por supuesto que no. 'Marafariña' ha sufrido tantas metamorfosis como yo misma, aunque creo que ella ha salido mejor parada que yo. Sí que la esencia, su hermosura, su verde, su razón, no ha cambiado nunca... pero su forma sí. Es complicado ser fuerte y definirse en la adolescencia, cuanto más si tu entorno no te lo permite. Si yo siempre he tenido la imperiosa necesidad de escribir lo que ahora, por fin, he conseguido, no siempre he tenido la valentía de reconocerlo. No es sencillo, además, imponerse cuando únicamente eres una cría adolescente, cobarde y que no encuentra su lugar. Y no digo esto con ánimos de sobrecogerme en mi suerte, pero está estrechamente relacionado con 'Marafariña': si yo no hubiera sufrido en mis propias carnes la restricción absoluta de la religión en mi ideología, mi forma de pensar, mi crecimiento, en todas las facetas de mi vida, la lucha que he reñido nunca habría sido tal.

No me refiero a la lucha con mi entorno. Lo importante no es gritarle al mundo que estás en contra de él, que todo eso que pretenden imponerte atenta contra tu forma de pensar, contra tu amor propio y contra tu amor por los demás. Eso es sencillo conseguirlo una vez que logras vencerte a ti misma. 

Pero pelear en el interior, en el alma, en las raíces, es prácticamente un suicidio. Mi yo adolescente (como el yo adolescente de mis dos protagonistas) agonizaba de remordimientos. Todo en lo que debía de basarse mi vida escocía tan fuertemente que no podía ignorarlo. Escribía 'Marafariña' casi sintiéndome mal por ello. Me reflejaba en la historia de Ruth, pero la presencia de Olga me machacaba. En un principio, como dije, 'Marafariña' era diferente. Señalo de hecho en el inicio de la novela que existieron cuatro versiones anteriores. En esas cuatro versiones, Ruth y Olga no eran como tal, estaban separadas porque no me atrevía a unirlas, aunque era lo que más deseaba con todas mis fuerzas.

Mas cuando todo se rompe, las consecuencias son indiferentes. Al final cerré los ojos y abrí mi corazón. Las letras crecieron solas gracias a una conversación al atardecer. En ese preciso instante, cuando dejé de tener miedo, 'Marafariña' empezó a ser lo que es ahora.

Las mentiras que escribí: Por lo que podemos deducir, y como tu misma recalcas, 'Marafariña' está indudablemente ligada a ti. Podría decirse, que un vínculo esotérico te une a tu novela como la propia aldea marafariñesca se une a Ruth y a Olga. Háblanos de Ruth y de Olga entonces. ¿Quiénes son?

M.B.Vigo: Ruth y Olga me han acompañado siempre, han crecido conmigo y mi literatura no sería lo mismo sin ellas. Crearlas, darles vida, me llevó años. Son tan importantes individualmente como mi historia en su conjunto. Sobre ellas recae la esencia, la magia, el alma de 'Marafariña'. Si mis protagonistas fueran otras, la novela nunca sería cómo realmente yo deseaba que debía ser. 

Diré que ambas son independientes a mí. La historia nació, le di vida, pero a partir de ahí sus decisiones, acciones, errores y aciertos son culpa inherente a ellas mismas. Puede sonar extraño, pero así es: son tan reales que mi derecho de interceder en su libre 'albedrío' se vino abajo cuando eran tan reales que se enfrentaban a mi propia voluntad. He tenido que ver cómo se equivocaban, cómo sufrían, cómo se alejaban de su camino, sin poder hacer nada. No sería justo que, después de someterlas a tal realidad, me creyera con el derecho de interferir a mi gusto. 

Ruth es maravillosa, pero duele. Es tan profunda que es complicado de entender. Incluso, diría, que se encuentra en un lugar diferente en el que nos encontramos el resto de nosotros. Es capaz de vivir de una manera tan cruda, mostrándose valiente e imperturbable. El peso de la tensión que soporta es infinito y, aún así, es capaz de seguir amando y de seguir creciendo. Aprieta los dientes y grita sin mover los labios. Adoro a Ruth, y he derramado lágrimas cuando ella lo ha hecho. 

Pero Olga es, sin lugar a dudas, por quién siento especial debilidad. Es fresca, juvenil, fuerte, desgarradora. Y, al mismo tiempo, mustia, envejecida y débil. Es una mezcla de extremos, pero es pura pasión y pura inocencia. Olga traspasa el mundo, traspasa a las personas, carece de dudas sobre sí misma. No flaquea, no se doblega jamás. Ni siquiera se preocupa por sí misma. Desearía, de corazón, conocer a alguien cómo ella en la vida real. Y abrazarla, abrazarla bien fuerte. 

Las mentiras que escribí: Hay una imagen que muy recurrente sobre todo en el inicio de la novela. Ruth está obstinada en seguir el camino fijado frente a ella, y utilizas citas religiosas para remarcarlo constantemente. Es obvio que, la religión, juega un papel fundamental en 'Marafariña'.

M.B.Vigo: Podría decir que la religión es el 'antagonista' de la novela. La religión y todo lo que ella conlleva.

No he pretendido, ni pretenderé jamás, crear un discurso de apología en contra de la religión, de Dios y la múltiples organizaciones disipadas por todo el mundo en función de estas creencias. De ninguna manera. Lo único que he hecho ha sido posicionar a Ruth en el seno de una familia fuertemente sectaria, cuando sus intenciones se manejaban hacia otro lugar. Y, simplemente con esto, mostrar lo difícil que puede llegar a ser romper los arraigos. Hace que los padres se enfrenten a sus hijos, que los hijos se enfrenten a sus padres. Que las personas sufran, que odien lo que amaban. Incluso hace que las personas lleguen a repudiarse a ellas mismas.

Afortunadamente, hablo con conocimiento de causa y eso me hace sentirme en paz. He sido poderosamente creyente en Dios durante prácticamente toda mi vida. Y no una creencia banal, infundada e impuesta. Lo impuesto eran las tareas, la forma, el comportamiento, pero el amor que yo sentía por mi Dios era real. Hablaba con él y sentía que él me comprendía. Pero, como se dice popularmente, la fe es un grave sufrimiento: no hay respuestas, no hay señales, nada se corresponde. Es un monólogo fortalecido, una catarsis en silencio. No era nada más.

Cuando todo a mi alrededor se resquebrajaba, y yo no podía seguir mintiéndome, hablé con Dios por última vez. Le dije que nuestra 'relación' había terminado. Le dije que él me conocía, que sabía quién era, cómo era, que mis intenciones no eran malas, nunca lo habían sido. Pero si creer en él era sinónimo de mentirme, tenía que dejar de hacerlo. Y así ocurrió. Desde entonces me liberé de las pesadas cadenas del miedo y la fe, y pude plasmar yo mi propio camino.

No guardo rencor como le ocurre a otras personas. No tengo por qué hacerlo. Lo ocurrido me ha convertido en lo que soy, y me ha permitido crear 'Marafariña' tal y como quería que fuese.

Las mentiras que escribí: Galicia es, sin dudas, otra de las protagonistas indiscutibles de tu novela. ¿Te sientes muy unida a tu Tierra?

M.B.Vigo: En efecto, sí. Adoro su vida, su magia, su esplendor, su verde, su esencia. Todo. He nacido y me he criado aquí, rodeada de su naturaleza apero también de su vida urbana. Creo que goza de la simbiosis perfecta y no se me ocurre un escenario mejor dónde interpretar el papel de mi existencia. 

Gran parte de mi inspiración nace de la propia Galicia, sin su latido ninguna de mis letras sería igual.

Las mentiras que escribí: Detrás de toda obra, de todo proceso creativo, hay una inspiración. Detrás de ti, y de tu 'Marafariña', ¿qué obras, películas u otras facetas han impulsado su existencia?

M.B.Vigo: La vida y los sentimientos, vivir, son mi mayor musa. Pero no son la única.

Aunque durante cierta época de mi vida mi proceso creativo estuvo prácticamente muerto, la literatura y el cine siempre me han mantenido enérgica y viva. Las novelas que abrazo en mi inspiración son 'Tomates verdes fritos', 'Temblor', 'La Rebelión de Atlas', 'Alicia en el país de las maravillas', 'La insoportable levedad del ser' y un millonario etc. En cuanto al cine, películas como 'La vida de Adele', 'Revolutionary Road', 'Las horas', 'Criaturas Celestiales', 'Blade Runner'... infinitas más.  Soy insaciable en ese aspecto. Tengo lista eternas de libros que leer y películas que ver. Es innegable la unión de lo que escribo a esta faceta de mi. De ella misma, de hecho, nació este Blog.

Las mentiras que escribí: ¿Sientes miedo a la hora de publicar por primera vez, y hacerlo con una obra tan personal?

M.B.Vigo: Sí. Un miedo atroz. Pero más miedo sentiría de dejarla olvidada en el cajón de las historias que nunca serán contadas. Más miedo me da el vacío.