viernes, 4 de marzo de 2016

#LITERATURA: Cartas a Lucía, fantasmas del pasado // ***1/2


Ya había leído a Mari Ropero en su novela "Ellas", también publicada con Edítalo-Contigo. Lo que más podía recordar de la lectura de su primera obra, era lo envolvente que es la atmósfera que crea, y todo el cariño que transmiten sus personajes. Se crea un vínculo fácil y prácticamente inmediato entre el lector y la obra. En estos casos, es cuando se vive la verdadera literatura.

Aunque he de decir que me ha sorprendido mucho lo que me he encontrado en "Cartas a Lucía". Antes de leerla, no me había detenido a consultar el resumen, y apenas había visto información sobre ella. Empezaba a ciegas, como a mí me gusta saborear esas historias, con la emoción latente de la intriga y las ganas de volver a encontrarme con las tibias y dulces letras de Mari. Una Mari que, en esta novela abandona el estilo de novela romántica para acercarnos mi género literario favorito por excelencia: literatura intimista, pura y plena.

Lucía, la protagonista de esta historia, regresa de una larga estancia en Londres. A su vuelta, ya sintiéndose adulta y cargada de intriga, empieza a escarbar en los entresijos de su pasado del que su madre siempre ha intentando protegerla. Como abriendo el tiempo, intentando ignorar el dolor que eso le produce, comienza un viaje personal para descubrir cuáles son sus raíces, en las que se esconden partes de sí misma que jamás creyó encontrar.

Las explicaciones las encuentra en forma de cartas clandestinas, dirigidas a sí misma, que su madre esconde a buen recaudo en su habitación. Pero no, no se trata de una obra epistolar, simplemente se produce la intercalación de fragmentos de cartas, escritas en una narrativa que acaricia el estilo poético. Sí, la prosa poética es bastante utilizada por la autora, y con mucho acierto, a lo largo de la novela, culminando la belleza de los sentimientos de lo que Lucía vive en cada momento.

Un estilo tibio y cálido que viene de la mano de personajes vitales y con mucha relevancia en el transcurso del argumento. La madre de Lucía, su <<abu>>, figuras familiares fundamentales para nosotros en las que es sencillo sentirnos identificados y evocarnos ese ambiente hogareño. Las amigas de Lucía, que suponen una distracción vital para ella. Y el amor, que llega a su vida de repente, sin quererlo y sin pensarlo.

Un libro escrito con cariño y con verdad, letras íntimas que evocan recuerdos. Plagadas de dolor, sí, pero también de la luz de la esperanza. 


miércoles, 2 de marzo de 2016

#ENTREVISTA: Gemma Jordán Vives, autora de "Hijos del insomnio"


"Detesto la oscuridad. No me gusta, me hace sentir incómoda, indefensa, y me da pavor. Y la noche es oscuridad. Pero cuando hay luna, la oscuridad es menor."



Gemma Jordán Vives, autora indie de Valencia, atleta y periodista, es una de las escritoras que más aprecio despierta en "Las mentiras que escribí". Después de su novela romántica "A la luna de Valencia", nos acerca una interesantísima y brillante colección de relatos "Hijos del insomnio".

M.B.Vigo: Bienvenida de nuevo, Gemma. Es todo un placer tenerte de vuelta por el blog.

G.J.V.: Como la primera vez, Miriam, el placer para mí es que tú me hayas invitado de nuevo.

M.B.Vigo: Para ir calentando motores... Eres una autora indie reciente, que llevas relativamente poco tiempo en este mundillo de la autopublicación. ¿Cómo describirías esta nueva faceta de tu vida? ¿Ha cambiado mucho tu rutina? ¿En qué te ha ayudado ser escritora?

G.J.V.: Lo describiría como interesante y motivador, a pesar de las dificultades que todos los autores independientes sabrán ya que hay. Pero si no hubiera dificultades, tampoco habría motivación, supongo.

Sí que ha cambiado algo mi rutina… y un poco mi carácter. Ahora guardo como hábito una horas al día para escribir, y también para pensar una estrategia con la que promocionarme. Lo que antes hacía por afición cuando me nacía, ahora también lo hago por gusto pero siguiendo unas pautas. Creo que eso me está haciendo más constante y también más seria ante muchos puntos y pensamientos por los que antes, sencillamente, pasaba por encima.

Sobre en qué me ha ayudado ser escritora… me ha ayudado a expresarme; contando la vida como yo la veo, o la imagino, estoy definiendo mi propia cosmovisión y encontrando mi propia voz. Me ha enriquecido la vida también, primero porque he conocido, tanto entre lectores como entre editores y escritores, personas realmente fascinantes, que valen la pena. Y segundo porque la sed por relatar te acaba llevando, al final, a una sed por documentarte y conocer para hacerlo mejor, y por otra, por leer, o ver, o escuchar a otros autores que te aporten y te enriquezcan, creándose un círculo vicioso de la creatividad bastante goloso del que nunca quieres salir.

M.B.Vigo: Si en "A la luna de Valencia" explotaste tu faceta de novelista, en "Hijos del insomnio" muestras una escritora completamente distinta. Relatos breves en su mayor partes, algunos hiperbreves, como tú misma señalas. ¿Es más difícil relatar que novelear? ¿Radica el talento en contar lo mismo en menos palabras?

G.J.V.: Bueno… no soy nadie para decir dónde radica el talento. Hay historias largas, ricas en descripciones y en evocaciones que son joyas, y hay relatos breves capaces de provocar lo mismo con sólo unas cuantas líneas o páginas, y viceversa; auténticos ladrillos infumables en los que acabas perdiéndote, y cuentos que se quedan cortos y vacíos.

A mí, como ya te comenté en el vídeo de “Entrevístame… si quieres”, me gusta mucho la literatura contundente y ágil (ojo, que no fácil o rápida) y creo que si está bien hecha, puede demostrar riqueza de lenguaje y de recursos. Sí que es cierto que creo que, como te comenté, si puedes contar una historia BIEN contada en doscientas páginas, no le veo sentido a hacerlo en cuatrocientas. Pero hay historias que requieren de esas cuatrocientas y se quedarían pobres en doscientas.

A mí, me resulta mucho más difícil novelar. Armar y construir una historia con una estructura sólida y creíble y desarrollarla durante muchas páginas procurando no perder el rumbo ni el tempo, es un trabajazo. Y sin embargo, pensar un relato que, describiendo un momento, pueda darte una idea de todo lo que lleva detrás y lo que viene adelante, y de provocar al lector, me resulta provocador y fluido.

M.B.Vigo: Hay multitud de relatos, para todos los gustos y tipos de lectores. Pero en todos ellos mantienes una narrativa más o menos común, y la misma esencia. Resulta curioso que esto no se parezca en nada a la literatura que se lee en "A la luna de Valencia", a pesar de que los has escrito al mismo tiempo... ¿Sabrías responder por qué razón?

G.J.V.: No sé qué decirte Miriam. En mí hay material y mezcla de estilos muy diferentes. Todos conviven y todos luchan por salir, y no pienso renunciar a ninguno de ellos.

 Tal vez, en este caso, se resume en el hecho de que a “A la luna de Valencia” quise darle ese tono justamente, algo desdramatizado, porque la historia que quería contar era justamente así. Y en “Hijos del insomnio” el tono cambia porque son relatos diferentes pero, efectivamente, con un nexo en común, y es que en ellos ocurren cosas poco habituales, raras, o irreales, y ese tipo de texto necesita otra forma de ser contado. Ahora, también te digo que no me senté en ningún caso teniendo claro eso, e intentando escribir con esas pautas. Sencillamente, sucedió.



"Releo "De entierro por sorpresa" y me veo a mí misma con doce años menos, triste, confusa, cabreada y solitaria; pensando que todo había terminado para mí. [...] Y me río y respiro profundo a la vez."



M.B.Vigo: Es difícil elegir a un hijo favorito pero, de estos hijos de las noches en vela, ¿cuál o cuáles son de los que te sientes más orgulloso?

G.J.V.: Puedo decirte uno de cada, de los breves, y de los hiperbreves. De los breves me siento orgullosa de Baldosas inéditas. También me gusta mucho Gato, pero la pequeña historia de la librera y los fantasmas… no sé, la releo y no me canso de ella. Estoy orgullosa porque es un relato que nace de una pesadilla mía, una pesadilla que es exactamente la misma con la que comienza el cuento, y tuve la capacidad de, al despertar al día siguiente, recordarla, apuntarla y desarrollarla convirtiéndola en algo mágico y posible a la vez.

De los hiperbreves, me decanto por De entierro por sorpresa porque también es un reflejo puro de mis sensaciones y mi visión de la vida en un determinado momento. Es un cuento inspirado por los poemas de Residencia en la tierra de Pablo Neruda; hay veces que en el camino se te cruzan elementos que acentúan tu parte más luminosa o, como era aquel momento, la más oscura, e incluso esos hay que vivirlos intensamente y crear algo con ellos. Releo De entierro por sorpresa y me veo a mí misma con doce años menos, triste, confusa, cabreada y solitaria; pensando que todo había terminado para mí, y me despierto ternura a mí misma, por ver lo que creé con el material que entonces tenía a mano y en mí, y por ver todo lo que después tenía que vivir y que por aquel entonces ni atisbaba, y me río y respiro profundo a la vez.

M.B.Vigo: ¿Hay alguno de ellos que te hayas replanteado no publicar? ¿Alguno del que no te sientas muy satisfecha?

G.J.V.: Sí y sí. Manchuria, El jugador  y Un buen accidente. Exceptuando Gato y dos más, los relatos de “Hijos del insomnio” son textos escritos mucho tiempo atrás, y al releer esos tres primeros, me parecían de una calidad bajísima, ridículos incluso, y sin ningún interés. Aquí es donde entra en escena Paco Melero, de EdítaloContigo, que es la editorial que le ha dado el formato final al ebook. Le pedí leerlos y ser sincero en su valoración, y le gustaron todos. Incluso, me habló con énfasis de alguno que yo consideraba pura paja de relleno. Yo confío totalmente en su criterio, porque sé que lo tiene y muy bueno, y pensé que si él, como editor y como lector “ajeno” a la historia no había puesto pegas a ninguno, era porque estaban para publicar. Y adelante que salieron.

M.B.Vigo: Y, ¿alguna historia que, finalmente, se haya quedado fuera, de momento?

G.J.V.: Varias, en el caso de los relatos hiperbreves, que al encontrarlas en las copias de seguridad de mi ordenador me dejaban muerta de vergüenza ante las barbaridades que escribía. Pero bueno, para escribir algo decente hay que redactar y descartar mucha morralla antes y durante, así que no pasa nada. También se quedaron fuera (de momento, buen apunte…) dos relatos más o menos largos que yo recuerdo haber escrito, que disfruté mucho creando y que creo que son originales y potentes… y que no pude encontrar de ninguna manera entre esas copias de seguridad. Intenté rescribirlos, pero qué va, no me salía nada ni parecido a lo que creara aquélla vez, y con respecto a esos dos (La magia del Penyagolosa y Pepe y Osborne recuerdo que se llamaban), quiero que se publique exactamente aquello que yo escribí. Así que los seguiré buscando, y si los encuentro, seguramente los comparta libremente en la web que como escritora me estoy construyendo.

M.B.Vigo: Hacerse un lugar en el mundo de la literatura independiente es mucho más complicado que terminar cualquier novela o colección de relatos. ¿Cuáles son tus métodos o tácticas para llegar a los lectores?

G.J.V.: Como todos, las redes sociales. Detrás de las cuales, al final, lo que hay son personas con intereses parecidos a los tuyos, que se pueden interesar por lo que has creado, y con los que puedes intercambiar y con los que puedes contar. Aparte de eso… intento ser machacona pero con estilo, y que esa machaconería cuadre con mi estilo, con lo que quiero transmitir y contar.

Ahora he empezado a dejar que me entrevisten lectores, a los que responde a sus preguntas en vídeo. El vídeo es una herramienta muy potente, a la gente le gusta mucho, (a mí me gusta mucho). Creo que puede aportarle muchísimo a la literatura y que aún está muy por explotar.

M.B.Vigo: Después de terminar una obra, ¿es tiempo de descansar o no puedes esperar a retomar las letras? ¿Acaso crees que un escritor necesita reposo?

G.J.V.: No sé qué decirte, creo que eso va con cada cual. Yo no soy una persona a la que, en la vida en general, le vayan bien los reposos. Me acomodo. Necesito continuidad; mi cerebro tiene que estar continuamente calentando en banda para cuando llega el momento de coger la idea al vuelo y crear. Sabes que, desde hace unos meses, escribo semanalmente en una revista digital, HalterMag, artículos sobre… bueno, sobre lo que quiera esa semana. Tengo la suerte de tener ahí esa libertad, y el tener que publicar algo con un mínimo de interés y de calidad ha hecho que de nuevo tenga una pequeña presión y motivación, y desde que empecé, me siento de nuevo muy arriba en cuanto a la escritura. Todo fluye en mí y hacia el papel de manera mucho más natural y placentera; porque cuando las palabras te queman en los dedos y ves que salen además con cierta calidad, es un auténtico subidón de hormonas.

Tal vez sea conveniente no obcecarse demasiado en un proyecto, saber cuándo de verdad está terminado o cuándo conviene dejarlo de lado, y pasar a otra cosa. Eso sí lo veo necesario.

M.B.Vigo: Primero la luna de Valencia, luego una luna en un cielo oscuro. Hay algo en nuestro satélite lunar que, desde luego, llama tu atención. ¡Y no me digas que es casualidad! ¿Qué es, para ti, la luna?

G.J.V.: No te digo que es casualidad como lo de Grecia, ¡porque me matas! Mi madre muchas veces me ha contado que ya de pequeña, en cuanto supe más o menos hablar, lo que más hacía era señalar al cielo de noche y gritar que ahí estaba la luna. Nunca me he planteado esto, Miriam, así que me obligas a hacer algo de introspección… posiblemente sea que detesto la oscuridad. No me gusta, me hace sentir incómoda, indefensa, y me da pavor. Y la noche es oscuridad. Pero cuando hay luna, la oscuridad es menor. Yo he vivido en el campo noches de luna llena con una luz tan intensa, que casi podía distinguir el verde de los árboles y el marrón de las piedras. Igual exagero porque mi cerebro ha matizado los recuerdos, pero es lo que recuerdo, y me parecía fascinante. Como lo es el hecho de que haya un “pedrolo” girando junto a nosotros, mantenido por nuestra propia fuerza de la gravedad, capaz de alterar animales y mareas, de dar algo de consuelo y de hacernos soñar. Ahora, ya lo sé.

M.B.Vigo: Y, para finalizar, ¿en qué está trabajando Gemma ahora mismo?

G.J.V.: En promocionar “Hijos del insomnio” de todas las formas que pueda, jajajajaja. Tengo un par de proyectos empezados, y también apartados, porque en este momento de mi vida no me da la cabeza para ponerme “a full” con ellos. Son novelas, los dos, y ya habéis leído lo que he escrito más arriba sobre el proceso de escribir novelas. Ahora mismo estoy trabajando por consolidar mi faceta de periodista y comunicadora, y creo que, hasta que no consiga eso, aunque sea un poquito, seré incapaz de girar la vista hacia esos dos escritos.

M.B.Vigo: Muchísimas gracias por tu tiempo y tus palabras, Gemma. ¡Mucha suerte y mucho ánimo en esta trayectoria literaria de camino a los sueños!

G.J.V.: ¡Muchas gracias a ti Miriam, siempre!



viernes, 26 de febrero de 2016

#CINE: La habitación (Room), el cautiverio desde los ojos de un niño // ***** (OBRA MAESTRA)



Discretamente grandiosa.

Esto llevaba a pensar el tráiler promocional de "La habitación (Room)". En él, la voz en off de un niño llamado Jack describe cómo es su mundo, que se reduce a un puñado de metros cuadrados en un zulo, mal ventilado y sin iluminación. Allí es donde ha nacido y ha crecido junto a su madre, y las esporádicas visitas del señor Nick, que obligan a Jack a esconderse en el armario.

Tenía que llegar un film inspirado en las terribles historias que hace pocos años salieron a la luz en el país austriaco (recordemos la terrible historia de Natasha Kampush, en cautiverio más de ocho años; y a Elizabeth Fritzl, secuestrada en el sótano de su casa por su propio padre), pero creo que lo ha hecho de una manera tan humana y tan real, escapando del drama fácil y anclándose a una nueva forma de ver el mundo: los inocentes y maravillosos ojos de un niño.

Jack es un niño feliz en sus cuatro paredes junto a su madre. Ve el cielo a través de un tragaluz en el techo, saluda a su mesa, sus sillas, su planta, su pileta, al retrete, al armario. Hace collares con cáscaras de huevos y, de vez en cuando, él y su madre hacen un pastel. También ve la televisión, pero ésta, cree, no es real. Lo único real es su habitación, dónde se siente protegido y aislado del "mundo".

Esta idealización de su realidad es gracias a su madre. Brie Larson deja atrás la comedia y se convierte en Joy, una joven que lleva encerrada siete años, secuestrada cuando tan sólo tenía diecinueve. Para proteger a Jack, haciendo un alarde de fortaleza desmesurada, idea e inventa un mundo inocente y libre de maldad para él. Para su hijo, todo aquello es la realidad que conoce... y eso le permite mantenerse feliz.

La crudeza de este retrato se impone a la belleza de su guion, con una explosión de ingenio desbordante. El film es una historia dura, de las más duras que pueden verse en la gran pantalla y, sin embargo, el toque dulce produce escalofríos. El impacto de esta contraposición es brutal y casi traumático, como un experimento. Además, el espectador lo es a través de los ojos de Jack, pero siendo consciente de la verdad que tal mundo se esconde. Es inimaginable de sentir todo lo que "Room" guarda en su pequeño interior.

Fascinante film, que remueve el interior de mil formas distintas. De palpable ansiedad y de visible hermosura. Una experiencia cinematográfica sin precedentes que, sin lugar a dudas, ha dado la vuelta al séptimo arte.

Magia pura. 

Consulta aquí su ficha en filmaffinity

martes, 23 de febrero de 2016

#COLUMNA-OPINIÓN: ¿Por qué es necesaria una novela como "Marafariña"?



Una servidora con mi hermana gemela, Tabita Beizana Vigo en la presentación de Marafariña


"Marafariña" además de ser una novela autobiográfica con un fuerte contenido personal, una catarsis de mi misma, una manera de despojarme de mis miedos, un alarde personal de valentía, es una obra necesaria.

Y tal vez no está bien que yo lo escriba, es posible. Pero ser autora indie me permite tomarnos ciertas licencias. ¿Por qué es necesaria una novela como "Marafariña"?

"Marafariña" ahonda en la vida dentro de un círculo religioso cerrado, los matices complejos y crudos de una realidad social que casi no se contempla, o no se quiere contemplar. Porque ya no vivimos en una cultura tan espiritual, es cierto, pero las connotaciones religiosas siguen estando latentes. Y en ciertos colectivos, son vitales.

Criarse en el seno de unas doctrinas religiosas como las de los Testigos de Jehová es complicado y puede llegar a ser traumático. Por supuesto, esto no es algo sencillo de ver ni de asumir. A primera vista, es inofensivo: son un colectivo pacífico, que predica amor, que llevan una vida ejemplar fuera de prácticas perjudiciales y pecaminosas. Las exigencias pueden, incluso, llegar a ser asumibles: dos reuniones a la semana, predicar un puñado de horas al mes y tener una conducta intachable. Luego, en mayor o menos medida, dependiendo de cada familia o de cada Congregación, la libertad de los "hermanos cristianos" será en mayor o menos.

Hay miles de "grupos de control masivo" cristianos en todo el mundo. Y hay millones de personas sufriendo sus consecuencias.

Me he dado cuenta de lo que otras personas necesitaban encontrase con "Marafariña" tanto como yo necesitaba escribirla. Durante los meses que lleva publicada en Amazon, he recibido mensajes y correos electrónicos en los que me han agradecido el haber escrito algo así, algo necesario para "abrir los ojos y calmar el alma". El encontrarme con personas que hayan sufrido y vivido algo como yo, me ha reconfortado muchísimo... ha sido el mejor regalo, tan necesario, que podía recibir.

¿"Marafariña" una novela necesaria?

Sin duda para mí, era imprescindible.


domingo, 21 de febrero de 2016

#CINE: La herida, en el interior del alma (y de la mente) // ***1/2


Si tuviera que calificar únicamente el papel de Marian Álvarez no dudaría en poner cinco estrellas, o seis. La actriz que protagoniza el cartel de "La herida", una dolorosa y sangrante apuesta de Fernando Franco que, en el 2013, presumió de numerosos premios nacionales e internacionales. 

El tema central del film es la mente de Ana, una mujer de veintiocho años que trabaja como técnica de ambulancia. Aparentemente envuelta en una vida normal, vive con su madre y tiene un novio con el que lleva saliendo dos años. Además, tiene largas conversaciones vía chat que llenan las horas de soledad en su cuarto, donde parece sentirse muy cómoda. Pero no, Ana no es una persona como las demás. Ana no es capaz de controlarse, porque sus impulsos y su mente son más fuertes que ella. Y la vida, con sus problemas, hasta el más siempre, la superan, la enfurecen y la hieren. Y ella traduce el dolor de su alma en heridas y quemaduras en su piel. 

Todo se precipita cuando Alejando, su novio, después de una acalorada discusión, desaparece de su vida. Ana se ve prisionera de su propia locura, y su vida sufre un declive peligroso. El mundo de la noche, el alcohol y las drogas, en contraposición a la necesaria e impuesta soledad de las horas en su habitación. Ana se va aislando más y más en su mundo, se regodea en su dolor. Los momentos de felicidad llegan poco a poco, pero se derrumban en segundos, como quién cambia una máscara. Su mente y su carácter son volátiles como una llama: es cálida, pero puede quemar sin piedad.

"La herida" es el crudo retrato de una mujer con un Trastorno Límite de la Personalidad, una enfermedad psicológica con un tratamiento muy difícil y que hace que las personas que lo padecen tengan problemas para controlarse en los ámbitos de relaciones interpersonales. La actriz, que no lograba encontrar ningún papel, hace alarde de sus maravillosa alma interpretativa al acercarnos una historia muy difícil y muy dura, en cuyo personaje recae el absoluto peso de la trama con grandiosidad.

Sin embargo, Marian Álvarez no es suficiente para inundar la película que, a pesar de todas sus virtudes y de ser una pequeña joya a valorar del cine español, le falta atar cabos y le falta fuerza. Ya que los personajes secundarios se muestran muy mudos y muy lejanos, tal vez porque así los siente Ana, pero el espectador puede echar en falta saber cómo se sientes, qué ocurre con ellos, cómo viven las personas de su entorno su enfermedad.

Recomendable, aunque difícil de ver. Muestra una realidad muy cruda: la de estar encadenado a la maldición de la mente.


miércoles, 17 de febrero de 2016

#LITERATURA: Nico, por favor: frescura e ingeniosidad en esta novela urbana // ****

Con frescura, un tono desenfadado de lectura ligera y con los tópicos que el género requiere, podría clasificar "Nico, por favor" como una novela urbana, lésbica y revelación. ¿Revelación, por qué? Porque de todas las obras que he leído del género, esta aporta algo diferente, una fuerza extraña, una holgura y un atrevimiento que baila entre lo descarado y lo divertido. Bajo el seudónimo A. M. Irún, lo que la protege de sentirse "más libre", la autora nos habla de Nicolasa, pero llamémosla Nico, por favor.

Nico es una joven enamorada de un fantasma, una chica que ve en el metro todos los días, sin conseguir reunir las fuerzas suficientes de acercarse y hablarle. Y es que Nico está plagada de inseguridades, expresadas por la escritora con divertimiento irónico, tan propio de la edad, en la que el más pequeño montículo se nos convierte en una montaña infranqueable. Pero cuando la joven reúne la valentía suficiente para hablar con "su chica del metro", ésta desaparece. Se ha esfumado.

Siendo víctima de la obsesión del vacío, su entorno, entre ellos su amigo Raúl, le hacen entender que esa chica solo era una alucinación suya. Instándola a liberarse de ese pensamiento, el muchacho la acompaña a salir una noche en locales de ambiente, para que Nico, nuestra Nico, pueda al fin liberarse.

Con tono cotidiano, cercano y escrito en primera persona, a ratos hablando consigo misma y dando explicaciones constantes, a rato separándose del lector y tomando las riendas de su historia, sobre Nico recae la absoluta fuerza literaria, sin que ninguno de los otros personajes logren alcanzarla. Podría ser malo, podría, pero esta chiquilla tiene tanta fuerza que no hace falta nada más. Es ella y su situación, su corazón salvaje, su corazón roto, su corazón ardiente. Son sus ansias y sus "rayaduras" intransigentes, la relación inestable con sus padres o sus locas noches de fiesta... y de sexo.

El sexo, que se enfrenta a los tópicos soporíferos de la literatura y el cine lésbico. Pues sí, en efecto, A. M. Irún se despoja de pudores, mostrando las escenas de sexo explícitas tal y como son, sin condecoraciones absurdas, sino con las trivialidades y las hermosuras de la intimidad de dos mujeres. Es de agradecer esta franqueza, siempre lo es, y es un punto muy importante de la obra.

El otro punto característico es la integración de la literatura con la tecnología. Eso es, los mensajes de texto. Y es que no es sencillo integrar esta relativamente nueva forma de comunicación sin que resulte pasado, o se renuncie a la "calidad" narrativa. Dado que Nico es una postadolescente, su teléfono móvil es una extensión de sí misma. Pero la autora se muestra cómoda en esta tesitura, siempre respetando el tono y la técnica durante toda la obra, sin que esta se pierda en los "whatsapp".

Y, por último, muy a tener en cuenta: no acaba de forma trágica. Sí, parece increíble que, en esta ocasión, el amor homosexual no encuentre barreras que lleven a sus protagonistas a la más plena tristeza o a la amargura más absoluta. 

Sin pretenderlo, creo que "Nico, por favor" ha abierto una brecha literaria indie muy interesante. Desde luego, toda una promesa de la literatura emergente. Habrá que seguirle la pista.


domingo, 14 de febrero de 2016

#LITERATURA: El asesino indeleble, vertiginosa novela negra // ***



Uno de los autores emergentes en el mundo indie que más fuerte ha entrado en el último año y que parece venir resulto a hacerse un hueco entre los primeros puestos de los ranking amazónicos. Tas la saga de "El destino del incorpóreo", "El mundo el ahora" y mientras se estrena con su faceta de poeta, saca a relucir "El asesino indeleble", una novela puramente negra y policíaca ambientada en un pequeño pueblo de la América profunda.

No soy una ávida lectora de la literatura de este género. Se tratan de letras que enganchan, buscan entretener, algunas con tramas ligeras y recurrentemente tópicas. Por supuesto, hay excepciones: obras con tramas complejas y bien estructuradas, con personajes carismáticos y diferentes y con una ambientación que le da el toque necesario.

La apuesta de Marcos Nieto parece un homenaje a la pura literatura del género, con una ambientación fundamentalmente oscurecida, con un protagonista muy torturado por el pasado y por el presente. Sanders es el detective al cargo de la investigación, con métodos nada al uso, acompañado de su inseparable amigo Dan, se embarcarán en la búsqueda de un asesino sin temor, que mata en la oscuridad sin dejar pistas y que no parece resulto a detenerse.

Escrita en primera persona, con mínimos toques intimistas, se nos presenta un protagonista falsamente egocéntrico, que utiliza una narración cargada de ofuscación y de desencanto. El amor, que otorga la parte dulce a su vida grisácea, no obtiene demasiada importancia a lo largo de la trama, pero sí que permite cierto alivio al lector en momentos puntuales. Las descripciones son más bien escasas, pues el estilo de Marcos Nieto se centra más en el monólogo interior y en los diálogos escuetos. El ritmo es rápido y ágil, se lee sin ningún impedimento con ligereza. Carece de complejidad y la trama es sencilla de seguir, a pesar de los flashback en retrospectiva.

Pero esta fugacidad, este ritmo veloz, puede ser un lastre. Si en obras de otro género literario como la Sci-Fi ligera o la novela cómico-romántica es algo que los lectores buscan y necesitan, en la novela detectivesca hay que usarlo con mucho raciocinio y atención. Es necesario crear una extensión lo suficientemente importante para que el lector se vea absorto por la trama, que se olvide que está en el salón de su casa o esperando al autobús. Eso es tal vez lo que he echado de menos.

Mi ánimo y mi afecto a mi compañero de letras en su primera novela del género. Aunque no brilla plenamente y necesita intensificarse con más fuerza, estoy segura de que con tiempo y trabajo, conseguirá desarrollar más su vena detectivesca. Desde luego, va por el camino correcto. 


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