miércoles, 30 de septiembre de 2015

#COLUMNA-OPINIÓN: ¿Estoy sufriendo la depresión del escritor?



Quiero hacerlo, porque necesito hacerlo. Y cuanto más lo necesito, menos puedo hacerlo. Lo procastino. Y lo vuelvo a procastinar. Maldita palabra y maldito tiempo que juega conmigo a su forma. Me enfado, me enfado mucho. Y me entristezco. 

Ni siquiera he tomado este segundo café, que se enfría en mi mesa. 

Me mordisqueo los dedos, el bolígrafo. Empiezo a sentirme somnolienta y cansada, demasiado cansada como para escribir. Suspiro. Respiro profundamente. 

Estoy sola. 

Céntrate. Me decido a releer algún párrafo que inspire... pero el efecto producido es el contrario. Detesto este capítulo, detesto esta novela. No voy a ser capaz. No puedo. Y entonces me rindo, y siento culpabilidad, y siento desesperanza. 

Es difícil dar a entender a los demás lo fracasada que me siento hoy por no ser capaz de escribir.


Si eres escritor, es probable que este monólogo interno te resulte, por desgracia, familiar. Y es que somos incansables, pero al mismo tiempo nos cansamos con facilidad. Tal vez no nos damos la tregua suficiente, no nos dejamos descansar, no reposamos las letras, no disfrutamos de la delicia del trabajo hecho. Porque al poner un punto, queremos de inmediato escribir la mayúscula que viene a continuación. ¿Por qué? Las letras son infinitas y nos golpean con insistencia. Quieren salir, quieren ser escritas. Gritan en nuestra cabeza y nos provocan jaqueca. Temblamos como poseídos por una adicción. Sí, tal cual. 

Terminé Marafariña en Febrero de este año 2015 y, después de mucho trabajo, decisiones y relectura, al fin la publiqué en Junio de 2015. Me sentí muy aliviada en el momento de acabarla. Y muy feliz por el trabajo terminado. Además, disfruté de algunas tardes libres despojadas de la necesidad de seguir dando vida a mi Ruth y a mi Olga. Me repetía una y otra vez: 'Descansa, respira. Lo necesitas'. Y era cierto, porque esa historia, en la que me enfrasqué durante muchos años, me robó tantas energías como alegría me devolvió. Mi mente gritaba por reposo, pero eso es inútil. Vosotros ya lo sabéis.

Durante el verano ultimé el borrador de 'Todas las horas mueren', obra breve que escribí simultáneamente con Marafariña y que, si todo sale bien, verá la luz en algún punto del año 2016. Y al acabar, volví a tener la misma sensación de satisfacción que duró poco. No tardé en sentir la necesidad de arrancar las primeras páginas del Libro Segundo de Marafariña.

Recuerdo que me invadió una ansiedad brutal. Escribí frenéticamente, exigiéndome a mí misma más de lo que podía dar. Volver del trabajo, olvidarme de descansar, y obcecarme en el ordenador a golpear el teclado. A carcomerme los nervios. No soportaba no escribir sobre Marafariña, sobre lo que había ocurrido y lo que iba a ocurrir. Escribí. Y en pocas semanas alcancé la nada despreciable cantidad de 60 páginas mecanografiadas.

Y hasta ahí.

Al releerlas no sentí nada. Al releerlas de nuevo tampoco. La tercera vez me sentí profundamente aburrida, cansada, bloqueada y deseché por completo esos dos capítulos iniciales. Reescribí algunas partes, salvé otras. Lo uní. Lo releí. Y no me gustó. Tomé el Libro Primero y empecé a leer partes con afán de encontrar la ternura y el calor que Marafariña me reportaba al escribirla, pero éste no apareció y me fui víctima entonces de la famosa 'soledad del escritor' y, por consecuente, la depresión que oprime en ocasiones en el proceso creativo.

Hace ya unas semanas que no consigo sacarme este lastre, y me cuesta mediar con él. Por supuesto, no es la primera vez que me ocurre, pero parece que es la primera. Doy vueltas sobre las ideas pero me agoto y no fluye la energía. Este bloqueo me exaspera. Siento pereza al escribir, al pensar y al meditar. No se me ocurren metáforas, ni descripciones. Los sentimientos son tan plenos que se evaporan antes de nacer. 

No sé durante cuánto tiempo más se prolongará esta crisis de la página en blanco, pero mientras tanto intentaré centrarme en la carrera y en lecturas. Dicen que eso siempre funciona bien.


Cómo veis, esta se trata de una nueva sección en el Blog titulada #Columna-Opinión, en la que iré compartiendo impresiones tanto de índole literaria, como personal y social.  Espero que os resulte interesante y que la disfrutéis.

Agradecería que comentaseis en el Blog vuestros bloqueos, vuestros parones creativos y la forma de vencerlos. Creo que puede ser una interesante forma de hacer terapia.

Infinitas gracias por leer.
Y Felices Letras.