jueves, 6 de agosto de 2015

#LITERATURA: Tras el arco de hiedra, un cuento para recordar la infancia // ***


'Tras el arco de hiedra' me ha recordado a los días de mi infancia en los que releía 'El jardín secreto' y veía ese grueso vídeo una y otra vez. La historia de Leena, una tierna niña que, tras quedarse huérfana, es enviada a la misteriosa mansión de su tío donde tiene vetada la entrada a una parte de los jardines protegidos por una gruesa puerta cubierta de hiedras tiene innegables símiles con esta historia que me hizo evocar en varias partes.

El tono empleado es ágil, la lectura es rápida y la narración no resulta tediosa. No se trata de una obra descriptiva ni grandilocuente, sino unas letras más bien enfocadas a la creación de un cuento fantástico, tierno y que sirve para entretener a los lectores amantes de dicho género. Por lo demás, resulta correcta en su desarrollo: es limpia, carece de errores y es coherente; la estructura y la división por capítulos es acertada; y los personajes, aunque tópicos, cumplen sus funciones en los respectivo a la historia.

Leena, la protagonista, es sobre la que recae la mayor parte del argumento. Una niña tristona, sin grandes aspiraciones, que sufre el reciente fallecimiento de su madre como una gran tragedia que le cuesta dejar atrás. La rutina en la mansión de su tío la engulle y, en cierto modo, le permite escapar de los fantasmas de su pasado y el dolor. Los estrictos horarios de los desayunos, comidas y cenas; y las tardes enclaustrada en la biblioteca estudiando se suceden semana tras semana.

Eogan, el tío de Leena, se muestra como un personaje misterioso y frío, cuyo secreto se desvela hacia las páginas finales. En realidad, y aunque me esperaba lo contrario, no es un rol que se desarrolle demasiado y deja un tanto vacío al lector en ese aspecto. A mi entender, no cobra la fuerza necesaria que implicaría su presencia que es, sin lugar a dudas, demasiado fundamental para no ahondar más en su personalidad y pasado.

El amar de llaves, la señora Perkins, sí que es una figura trascendental, pues se trata de la mujer que guía la vida de la niña en la mansión, quien la protege, la custodia y le otorga el cariño que necesita. Me ha despertado ternura, como suelen hacerlo este tipo de roles novelescos. Estricta y suave, dócil y severa, es el pilar central que ayudará a nuestra protagonista a superar el dolor y la soledad.

Los demás personajes no llegan a cobrar importancia, ni los autores han sacado demasiado jugo a este aspecto. Se trata, básicamente, de otros empleados del hogar que aparecen fugazmente. Habría esperado que Leena hubiera trabado amistad con alguno de ellos, tal vez con el chico que trabaja en los jardines o la joven rubia que ayudaba en las cocinas, pero su relación con los trabajadores de su tío se limita a unas conversaciones breves y unas sonrisas complacientes.

El final de la obra rompe con el ritmo llevado hasta el momento: la búsqueda de Leena por machacar la curiosidad que la apremia sobre qué hay tras ese arco de hiedra, tan protegido y al que tiene prohibido el acceso por completo. El ritmo más normal, que refleja una novela realista, se rompe hacia el ocaso del argumento para estallar la fantasía al completo que se ausentó hasta ese momento. Las explicaciones que se otorgan al final no han terminado de convencerme, considerando que, tal vez, los autores hayan dejado la puerta abierta para una secuela.

Para concluir, diré que se trata de un pequeño cuento que entretiene, de lectura ligera y narrativa bonita y cuidada. Recomiendo su lectura por tratarse de una creación tibia, a pesar de algunas de las carencias que he señalado, y porque, con toda seguridad, os hará recordar esas hermosas historia que han llenado nuestras infancias.