domingo, 21 de febrero de 2016

#CINE: La herida, en el interior del alma (y de la mente) // ***1/2


Si tuviera que calificar únicamente el papel de Marian Álvarez no dudaría en poner cinco estrellas, o seis. La actriz que protagoniza el cartel de "La herida", una dolorosa y sangrante apuesta de Fernando Franco que, en el 2013, presumió de numerosos premios nacionales e internacionales. 

El tema central del film es la mente de Ana, una mujer de veintiocho años que trabaja como técnica de ambulancia. Aparentemente envuelta en una vida normal, vive con su madre y tiene un novio con el que lleva saliendo dos años. Además, tiene largas conversaciones vía chat que llenan las horas de soledad en su cuarto, donde parece sentirse muy cómoda. Pero no, Ana no es una persona como las demás. Ana no es capaz de controlarse, porque sus impulsos y su mente son más fuertes que ella. Y la vida, con sus problemas, hasta el más siempre, la superan, la enfurecen y la hieren. Y ella traduce el dolor de su alma en heridas y quemaduras en su piel. 

Todo se precipita cuando Alejando, su novio, después de una acalorada discusión, desaparece de su vida. Ana se ve prisionera de su propia locura, y su vida sufre un declive peligroso. El mundo de la noche, el alcohol y las drogas, en contraposición a la necesaria e impuesta soledad de las horas en su habitación. Ana se va aislando más y más en su mundo, se regodea en su dolor. Los momentos de felicidad llegan poco a poco, pero se derrumban en segundos, como quién cambia una máscara. Su mente y su carácter son volátiles como una llama: es cálida, pero puede quemar sin piedad.

"La herida" es el crudo retrato de una mujer con un Trastorno Límite de la Personalidad, una enfermedad psicológica con un tratamiento muy difícil y que hace que las personas que lo padecen tengan problemas para controlarse en los ámbitos de relaciones interpersonales. La actriz, que no lograba encontrar ningún papel, hace alarde de sus maravillosa alma interpretativa al acercarnos una historia muy difícil y muy dura, en cuyo personaje recae el absoluto peso de la trama con grandiosidad.

Sin embargo, Marian Álvarez no es suficiente para inundar la película que, a pesar de todas sus virtudes y de ser una pequeña joya a valorar del cine español, le falta atar cabos y le falta fuerza. Ya que los personajes secundarios se muestran muy mudos y muy lejanos, tal vez porque así los siente Ana, pero el espectador puede echar en falta saber cómo se sientes, qué ocurre con ellos, cómo viven las personas de su entorno su enfermedad.

Recomendable, aunque difícil de ver. Muestra una realidad muy cruda: la de estar encadenado a la maldición de la mente.