lunes, 26 de mayo de 2014

El viento se levanta: Studio Ghibli y su pasión por enamorarnos/****






No todos los directores pueden presumir de haber escrito y dirigido películas como La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro, El castillo ambulante, Nausicaä del Valle del Viento o la enternecedora Mi vecino totoro.  Y es que a Hayao Miyazaki no sólo le apasiona hacer buen cine de animación, de éste que enamora, de éste que nos resulta imposible olvidar. Si no que también le apasiona reflejar en sus films la bondad de las personas, los entresijos de la sociedad y la fortísima crítica y polémica que se esconde tras sus historias.

El viento se levanta se estrenó en Japón tras una fuerte polémica y un afán de censura. Narra la historia de un joven ingeniero, Jiro, que anhela diseñar y hacer volar hermosos aviones. La película transcurre desde el terremoto de Kanto de 1923 hasta la entrada de Japón en la Segunda Guerra Mundial. Contiene un reflejo crudo y fidedigno de lo que por aquel entonces fue la Gran Depresión en Japón y la terrible epidemia de la tuberculosis que azotó a la población.

Con este marco tan desolador de fondo, Jiro consigue darle otro matiz a la vida. De hecho, al contrario de lo que puede parecer, El viento se levanta estaba plagada de amor por la vida, por las personas y por la felicidad plena. Es dolorosamente hermosa. Puede presumir además, de reflejar de manera sumamente enternecedora y franca la historia de amor que Jiro vive con una joven, que le reportará a su vida una triste felicidad. Posiblemente se trate de una de las películas de Miyazaki más complejas, atrevidas y personales.

El simbolismo, la música y el mundo de los sueños tienen gran importancia en el hilo argumental, siendo característicos de cada uno de los personajes que aparecen y desaparecen de la vida de Jiro. El propio Jiro tiene un trasfondo enrevesado, opaco, en ocasiones difícil de comprender por el espectador. Aunque lo cierto es que el joven ingeniero miope despierta una empatía muy estrecha desde el principio. Sin embargo, y a diferencia de otras de las películas de Miyazaki, las personalidades de sus protagonistas no están encajadas en un rol, ni en la bondad extrema o en la maldad absoluta. Son ambiguas, carentes de directrices. Se equivocan, rectifican o no, sufren, ríen y lloran. Y sucede de manera tan natural que es sencillo olvidarse de que ‘simplemente’ se trata de una película de animación.

Cabe destacar como juega con la Banda Sonora en cada una de las situaciones, a veces incluso haciendo parecer que los personajes bailan al son de la misma como si estuvieran escuchándola, como si estuvieran dentro de ella, en los momentos más frescos. Por la contra, en las partes más crudas y tristes, la melodía queda relegada a un segundo plano, casi imperceptible, como si no desease molestar.

A pesar de lo limitado que es el cine de animación para reflejar el drama (y ahí el importante lastre de El viento se levanta), Miyazaki ha sabido defender bastante bien esta apuesta tan atrevida y diferente a lo que cabía esperar. Y lo ha hecho tan bien, de nuevo, otra vez, que será imposible que este nuevo personaje que nos regala, no se convierta en otro de nuestros favoritos, junto a Chihiro, Sophie, Ashitaka, Satsuki y Mei.

LO MEJOR: La belleza de cada uno de sus fotogramas
LO PEOR: La limitación del cine de animación