sábado, 16 de enero de 2016

#CINE: La dama danesa, la mujer que nació en los cuadros //***


Es complicado posicionarse de un lado o de otro cuando considero que películas como "La dama danesa" son necesarias y casi obligatorias de ver en nuestros días. El cine de las grandes pantallas, con atisbos de compromiso social y acercándonos historias extraordinarias es más bien escaso. Normalmente para ver un film sobre la transexualidad hay que conformarse con cine independiente, que a veces no cuentan con la calidad que nos gustaría. Así que es digno de tener en cuenta que los diarios de Einar Wegener se hayan adaptado al sector cinematográfico más potente.

Es difícil para mí, pues, encontrarme en la tesitura de ver que dicha película es un "Sí... pero no", casi avergonzante y de un tono bello que roza la frivolidad y escapa del realismo. Y no, tampoco es necesario que todas estas secuencias formen parte del cine de autor costumbrista, por supuesto, pero la verosimilitud y cierto compromiso social serían dignos de tener en cuenta, ¿o no queremos incomodar a nadie? Ya. No olvidemos que esto es Hollywood, juguemos a ser atrevidos... pero no. Huyamos de las críticas controvertidas y de hacer que nadie se sienta afligido por reflejar algo demasiado crudo. 

¿Cómo suavizamos el tema? Con una exasperante relación de amor entre Einar y Gerda que se alarga durante los primeros cuarenta minutos, en un tono dulzón y, lo peor de todo, repetitivo. Y además, con una fotografía delicada y espectacular, casi tanto como soporífera. Los personajes siempre reflejan un aspecto impoluto, con trajes limpios y radiantes, incluso cuando se hayan encerrados en su cuarto de pintura durante días. 

No tarda en ser palpable que la interpretación de Eddie Redmayne se va a quedar ensombrecida por la espectacular Alicia Vikander, la auténtica protagonista del film sin lugar a dudas. Y es que el actor que dio vida a Stephen Hawkings sobre actúa demasiado con sonrisitas repentinas y miradas al vacío que es difícil saber interpretar. Vikander no se lo come, lo devora absolutamente. Es ella la que realmente logra empatizar con el público cuando debe enfrentarse a la radical metamorfosis de Einar en Lili.

No sé si este enfoque del sufrimiento de la esposa de Einar es premeditado o surgió sin más, pero resulta molesto que el drama se centre en cómo Gerda pierde a su marido en lugar de la dureza y valentía que tiene que asumir el pintor al verse atrapado en un cuerpo que no es el suyo. Sí, lo dicho. Que si, pero que no. Que la película es atrevida, pero no tanto... no tanto cómo podría ser.

El melodrama dulce tiene a destacar algunas escenas que podría clasificar de brillantes de las que esperaba que fuera a estar plagado. Eddie hace una interpretación sublime durante un puñado de minutos en las que contempla su cuerpo desnudo (a duras penas podemos ver sus partes íntimas, eso sí) buscando los rasgos femeninos que tanto anhela. Pero es Gerda la que nos sobrecoge con coraje, con emotividad y con fuerza, algo que no es discutible.

En resumen, "La dama danesa" es una película que pretendía ser arriesgada pero se sitúa en una tesitura cómoda y poco comprometida. Exasperadamente decorada, pretendiendo buscar la perfección, no cumple con lo que promete. Aún así, es un film necesario y casi obligatorio para ayudar al público general a la concienciación (aunque de forma suave).